jueves, marzo 09, 2006

~ (end)

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Moebius

Uno de esos tipos que me encontré terminó poniéndome paranoico. Me dijo que, según sus fuentes, la Inteligencia Cubana estaba muy descontenta con mi trabajo, y que pensaban eliminarme... Aunque dudé que realmente pensaran hacerlo, me dije a mí mismo “qué mierda, si me van a matar, les hago la hijueputa cagada”. Inmediatamente empecé a sembrar la información de que los cubanos estaban planeando algo realmente grande... “no sé las características de la joda, pero créame, es algo grande mi brother...”. Le juro que a los pocos días lo leí en una BBS ilegal...

Y bueno, les hice la cagada a los hijueputas.

No le voy a decir que hackear sea una actividad cargada de emociones fuertes y nuevas sensaciones, como ser conductor de bus o algo así. No. Es un placer casi intelectual, y los logros están cargados de la misma euforia que se puede uno imaginar al interpretar adecuadamente una sonata, o actuar en una película porno. Así que no le voy a decir que hackear el NORAD para introducir una rutina fue lo más emocionante que me haya pasado en la vida. Y menos haciéndolo desde Cuba, claro, con el beneplácito del gobierno. Obviamente, no tenían ni puta idea de lo que iba a hacer. A decir verdad, yo tampoco me lo imaginaba. Pero lo hice y ya. Los gringos nunca detectaron la intrusión, y cuando la rutina hizo payload, yo estaba volando sobre el Atlántico rumbo al D.F. Supongo que los del NORAD vieron en sus pantallas de radar el lanzamiento de seis misiles crucero, desde Báyamo hacia la Florida, o el desplazamiento de una inexistente flota de destructores, y la información que sembré ya los tendría lo suficientemente paranoicos... recuerda esa película “Juegos de Guerra”, en la que un computador del Pentágono hace una simulación de guerra pero los generales creyeron que era verdad? Pues el final no fue tan feliz, realmente. Y menos con ese viejo senil y desquiciado que tienen como presidente. No. Inmediatamente después se ejecutaron dos bonitos bombardeillos termonucleares que dejaron la zona entre Holguín y Santiago de Cuba más árida que el Neguev.

Como verá, teniente, no tiene idea lo cabrón que puedo llegar a ser.

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