martes, abril 04, 2006

Invierno en el páramo. Los vientos helados golpean los costados de la aeronave. Una obcecada lluvia reduce la visibilidad. Es noche cerrada y la oscuridad es absoluta, viéndose solamente las luces de los indicadores de altura, de combustible, el radar y el GPS del aeroligero. A lo lejos se vislumbran las luces de los cuarteles generales de Dyncorp, Archivo, una corporación dedicada a la administración de información, y el centro informático del Ministerio de Justicia, y Æ no entiende como carajos puede alguien trabajar acá. El aeroligero vuela a pocos metros de altura del piso, y las formas angulares de su fuselaje hacen posible el desvío de las ondas del radar de Dyncorp. La más mínima detección de la aeronave puede desencadenado un infierno de fuego antiaéreo que la derribaría como famélicos bajo el efecto del gas Sarín.

Descienden del aeroligero, a unos trescientos metros del enrejado del edificio principal, deslizándose por cuerdas de nylon prensado. Se arrastran hasta los caballos de friza y de ahí al borde de la cerca. Uno de los operativos, un tal ¥, le pone un silenciador a su arma, se pone de pie rápidamente e hace dos disparos. Algo cae a unos cincuenta metros, y el pensar que se trata de un ser humano produce en Æ una vaga sensación de nausea. No esta preparado para matar gente, nunca será igual a cazar las extintas perdices. Pero ha escogido un mal momento para notarlo. En todo caso, instinto de soldado, le pone a su arma un silenciador que le arroja ¥, y cortando la reja, penetran en las instalaciones.

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Beatifica blues, Griffo & Defaux

Una especie de letanía, un ensalmo, comienza a salir inconscientemente de la boca de Æ. No es una oración, es una inefable e inexplicable compilación de todos los improperios proferidos en su contra en toda su vida, en todos los idiomas que conoce. Desea, lo había aprendido, despertar su autoaborrecimiento, y junto a él, el ánimo del guerrero. Inútil por el momento, el miedo lo ha congelado produciendo una leve capa de escarcha, como la debe producir en la superficie de las copas dispuestas para servir un martini.

El resto es como un borrón en su mente. Después de que García derriba al primer hombre, Æ, arrojado en el piso, sudoroso, empapado hasta los huesos, viendo la oscuridad como una masa informe frente a sus ojos, y atravesándola con los rayos infrarrojos de sus AVN, toma cinco metanfetaminas. Corre, evadiendo los posibles sitios donde puede toparse con algún matón de Dyncorp, guiado por su olfato de cobarde y una proyección reflejada en el visor de su casco, encuentra una terminal accesible, entra a la red e hace su trabajo, en seis minutos. Al salir, corre enloquecido los quinientos metros hasta el vehículo anfibio que los espera para recogerlos. Su parte de la operación fue perfecta. Intuye que atrás agonizan unas cuantas victimas de los cartuchos explosivos de los dos operativos. Algo le escurre por el pecho. Jadeante y enajenado, se estrella contra el costado del vehículo y se derrumba.
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Hellblazer - "Shoot" (censurado), W. Ellis & P. Jimenez.


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