miércoles, marzo 28, 2007

Ángeles del Infierno


“Su mundo esta tan cargado de hostilidad que ni siquiera la perciben. Son deliberadamente hoscos con la mayoría de extraños, pero provocan malas reacciones incluso cuando intentan ser cordiales. Les he visto intentar divertir a un extraño contando historias que ellos consideran muy divertidas... pero que causan miedo e inquietud al oyente, cuyo sentido del humor tiene un filtro muy distinto"

A veces tengo la sensación de que el estado yanqui se sostiene gracias a la ilusión, entre el pueblo norteamericano, de que los defiende de La Amenaza. Esta suele ir variando con la época, tanto dentro como fuera de sus fronteras: japoneses, soviéticos, cubanos, árabes, latinos en general. Nativos, maroons, hippies, nacionalistas negros o arios, milicias derechistas, pandillas de motoristas, hackers. Con los dos últimos, por ejemplo, la guerra sicológica se desarrolló, primero, redactando un documento por parte de algún oscuro empleado gubernamental (fiscal de distrito, agente de la NSA o el FBI) sobre el claro peligro que representan, distribuyéndolo entre la gran prensa y dejando que se desarrolle la paranoia. Después, cualquier pelea de bar en Oakland, o alguna falla en el sistema telefónico de New York, se interpreta como el inicio de una “escalada terrorista” en contra del pueblo estadounidense, el cual no debería ser tolerado por las autoridades y tiene que ser castigado con la mayor rigurosidad posible.

Obviamente hay quien no cree a la gran prensa norteamericana (Times, Newsweek, New York Times) como acá hay gente de bien que no le cree al Canal Caracol: así como el escritor ciberpunk Bruce Sterling escribió un largo texto acerca de la persecución injustificada a los hackers por parte de la NSA en “The hackers crackdown” (del cual hablaré luego), Hunter S. Thompson, varias veces citado en este sitio, pasó, en 1965 una temporada viviendo en Oakland junto con la banda de motoristas Californiana conocida como “los Ángeles del infierno”.

Desde la violación masiva de la gira del Labor Day a Monterrey, hasta el choque contra los manifestantes pacifistas de la universidad de Berkeley, Thompson traza una cronología de los Ángeles en el libro titulado “Hells Angels: A Strange and Terrible Saga”, una fluida crónica subjetiva donde valida y desmiente los mitos que hay alrededor de los motoristas: sus reglas, sus luchas, su vaga posición política, el entorno donde viven, las impresiones que producen, la publicidad consecuente y su relación con Allen Ginsberg y Ken Kesey, el primero de los cuales intentó convencerlos de tomar partido del lado de los radicales de izquierda, pero: “Los Ángeles, como todos los demás forajidos motoristas, son de un anticomunismo rígido. Tienen unos puntos de vista políticos que se reducen al mismo tipo de patriotismo retrogrado del que se alimenta la John Birch society, el Ku Klux Klan y el partido nazi norteamericano. Son incapaces de percibir lo irónico de su papel... caballeros andantes de una fe de la que han sido excomulgados. Los Ángeles serían unos de los primeros que acabarían liquidados o entre rejas si los políticos con los que ellos creen estar de acuerdo llegasen alguna vez al poder”.

La relación de los Ángeles con Thompson terminó en una memorable paliza: algunos querían que Thompson compartiera las ganancias recibidas por los artículos que escribió acerca de ellos, y al negarse unos cinco lo golpearon hasta que la intervención de otro los detuvo. Nunca mas llegaron a relacionarse.

Si, supongo que lo soy – decía uno -, pero estas viendo a un perdedor que va a hacer una terrible escena a la salida.

Una lección que Pirry debería aprender.
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